En la Crónica de Sebastián le cita entre las conquistas de Alfonso I, en el Siglo VIII (año 754) y que posteriormente erigió un Priorato Benedictino, probablemente sobre los restos de un templo visigodo.

 De este monasterio queda la imponente iglesia de principios del Siglo XIII que sustituyo al primitivo, del que hay que suponer que sería una arquitectura prodigiosa a juzgar por el templo que se conserva.

Pertenece la iglesia a ese estilo peculiar de los templos medievales que se erigieron entre la llanura y la montaña castellana.
El P. Yepes dice de él en su Crónica benedictina que es de fundación muy antigua, sobre un monasterio visigodo. Dependía de él otros monasterios pequeños: San Juan de Gormaz, San Juan de Rebolledo, Santa María de Domo David, Santa Eulalia de Villela, San Pedro de Valdeca, Santa María de Matarepudio y San Juan de Monegro, este ultimo perteneciente a las iglesias de la cercana cuidad Oliva.

Todos ellos, con el mismo de Mave, fueron agregados a Oña por el conde D. Sancho, resolución que ratifico ulteriormente la reina Dª Urraca, en 1155.

Las donaciones hizo a Don Cristóbal prior de Oña “de un mi monasterio que se llama Santa María de Mave el cual monasterio está situado y fundado sobre la ribera del rio que se llama Pisuerga con sus términos que van de las aceñas al pajar e a quintana e allende del arroyo de montenegro hasta el camino de rocines e por el lomo a la cabaña e por derecho al alto que se llama torrejón e pro el valle profundo así como discurre e caye el agua derechamente al rio de Pisuerga eternamente así como fue determinado de los antiguos poseedores”.

De esta donación hay un testimonio más moderno hecho por el escribano de Becerril del Carpio, Alfonso Jiménez, que está allí enterrado, le hizo grandes donaciones. Al pasar el monasterio a la jurisdicción de Oña, en 1155, quedaron en Mave cuatro monjes encargados de conservar la celebración de las misas por D. Sancho, cuya sepultura y epitafio se veían aún en tiempos del P: Yepes.

Claro es que el templo actual no es el coetáneo de la Reconquista pues el que persiste lleva la fecha de 1200.
La iglesia es románica, del comienzo de la transición al gótico.

Dicen los técnicos que esta iglesia es de tipo borgoño, semejante a la de Neris (Allier) y al de Montreal (Yonne) en Francia, y es muy cierto.

Evidentemente la hizo la misma mano que edifico la iglesia y el claustro de San Andrés de Arroyo, la iglesia y el Claustro de Santa María de Aguilar de Campoo y la puerta sur de Santa Eufemia de Cozuelos. Todas las cuales, de planta, capiteles y pórticos semejantes, son de un arquitecto francés. Influenciada por estas el otra indígena la puerta de Revilla de Santillán que esculpió el español Miguel, y obras retardadas de esta influencia borgoña, San Pedro, de Amusco y Vallespinoso de Aguilar, pero ya bien castellanas.

El exterior es grandioso, robusto y sencillo. La cabecera de la iglesia la forma un gran ábside poligonal de cinco lados separados por contrafuertes primaticos lisos, así como son también lisos los ventanales y los canecillos. A cada lado hay un absidota en tambor, más baja que al ábside, con contrafuertes y canales lisos pero sin ventanales. En el centro del crucero se eleva una gran linterna cuadrada sin adorno alguno. Es como las de Frómista, Zorita del Paramo, Nogales de Pisuerga y Olmos de Santa Eufemia. El conjunto del crucero, ábsides y alzada de las naves laterales es al exterior armónico y solemne dentro de su sencillez.

El pórtico es románico, apuntado y de una gran belleza. Le forman ocho archivoltas de modillones lisos, solamente interrumpidos por dos arcos de dientes de sierra. Cada uno de los ocho arcos se apoya sobre columnas cilíndricas lisas que no tienen más basa que un rudimentario collarín apoyado en el suelo. Cada columna esta rematada por un elegante y sobrio capitel de hojarascas acuáticas muy escaroladas, que en algunos parecen helechos estilizados y que tienen gran semejanza con los capiteles del claustro de San Andrés de Arroyo.

El conjunto de este pórtico es suntuosísimo.
Todo su exterior da la sensación de robustez con contrafuertes y hastiales ambos lados de la nave del transepto. Tiene espadaña, con dos bellos huecos ojivales para las campanas, situada sobre el imafronte de la fachada principal.

Sobre el pórtico, cuyo conjunto es abocinado, se abre un ventanal ajimezado.

El interior de la iglesia es de forma basilical de tres tramos y tres naves que rematan por dentro en ábsides de tambor cuyas capillas llevan bóveda de horno. Sobre el crucero se eleva el cimborrio cuadrado de que hemos hecho mención. Los brazos del crucero y los tramos rectos de los ábsides llevan cañones agudos que en la nave central tienen arcos fajones. Sobre el crucero está la cúpula semiesférica con base octogonal que parte desde trompas cónicas. Cada nave esté separada de las otras por pilares cuadrados que llevan adosadas en los frentes columnas cilíndricas cuya porción alta, en alguna, está desplazada del eje principal.

La nave centran está cubierta por bóveda de cañón en parte y en el resto por techo de madera en el que hubo artesonado mudéjar. Las naves laterales tienen bóveda de crucería.

Los cuatro arcos torales del crucero son apuntados y los capiteles foliáceos de gran sencillez.

Convento-de-MaveEl altar mayor es una cosa de la peor calidad y gusto moderno. No hay profanación como la de haber sustituido por él el que hubo de ser pieza arqueológica de primer orden.

Las capillas absidales tienen pinturas murales en sus frentes y en el interior. A parte de los blasones de Castilla, tienen decoraciones foliáceas del siglo XIII entre las que se perciben borrosas figuras de Santos, sobre todo al lado de la Epístola. También hay blasones pontificios, pájaros, figuras estelares, flores y cabezas de ángeles. Algunos dibujos son del siglo XV.

Todo el edificio es de estilo románico-ojival, del grupo cantábrico-palentino o sea el propio de la tierra de Aguilar de Campoo.

Los altares hoy existentes, excepto del mayor y el de la Epístola que son sendos adefesios, pertenecen al estilo barroco del siglo XIII y no sirven sino para añorar los primitivos que tal templo encerraría.

En la capilla absidal de la Epístola quedaba un altar románico, de madera de nogal, policromado y dorado. Constaba el retablo de dos cuerpos que hacen en junto tres metros y medio de alto, por tres de ancho. El cuerpo inferior tenía dos series apostólicas, encerrado cada apóstol en una hornacina ojival coronada de castilletes y asentada sobre finas columnas. En el centro de este Apostolado está la nux o léxica piscis, de donde ha desaparecido la figura de Cristo-Juez que encerraba y que estaba circundada por los símbolos tetramórficos.

El cuerpo superior tiene un nicho trilobulado donde estuvo una virgen que habían llevado, sin razón suficiente, a la sacristía. Corona esta hornacina la decoración de castillos propia de los siglos XII y XIII. Dos series de huecos con escenas de la vida de la virgen y pasajes bíblicos rodean el nicho central bajo arcos trebolados. Los temas que más claramente se interpretan son los de Zacarías, la Visitación, San José, una virgen con el niño, la Natividad, la Anunciación y la Adoración de los Reyes.

Remata el altar un Calvario de la misma mano que hizo las otras tallas, con ángeles incesantes a los lados.
Todo el altar está enmarcado en un recuadro liso y plano, repintado en época posterior.

La armónica composición de este retablo, su inspirado simbolismo, su rareza entre los escasos ejemplares que quedan en Castilla, hacen de este monumento una preciosa arqueológica y sin par, sobre todo porque era contemporáneo de la erección del templo y estaba donde primitivamente se instaló.

Al cabo de los siglos, y por determinación poco meditada, fue arrancado del venerable yu legítimo sitio y llevado a Burgos, donde estuvo largo tiempo arrumbado y desconcertado en una bodega o trastera de la catedral hasta que ha sido colocado en el Museo catedralicio, harto desconchado y despintado, no siendo sombra de lo que fue, aunque se le habían llevado antes el Cristo y la Virgen. Y a esto ha venido a parar lo que era joya de Santa María de Mave.

En un muro interior de la iglesia, según se entra, hay un arco de descarga adovelado en herradura con la fecha de 1200. Este arco de ensayo y replanteo revela las influencias mudéjares a que no pudo sustraerse el arquitecto de la iglesia por francés, silo era, que fuese.

También llegó lo mudéjar a la misma Francia, pues nosotros hemos visto arcos de puerta túmidos en las murallas de Carcassonne.

A esa misma entrada de la iglesia y en el mismo interior, contigua a la fecha citada, hay una inscripción en tres renglones en el muro, a la izquierda, que consigan la época de terminación de las obras del templo y que dice: Annis millenis conpletis atque ducentis. La inscripción está, como puede verse, en letra francesa y francés fue el que la puso, pues contaba por Eras. Ese año 1200 se lleva poco de la Era de 1246 que señala el P. Yepes como fecha de edificación del templo por Doña Sancha Jiménez.

La iglesia tiene una pila del siglo XV. En los sillares abundan marcas lapidarias. Las piedras son de arenisca rojizas.

Del antiguo convento y sus dependencias no quedan señales, excepto en una corraliza, empotrado en pared moderna un nicho románico, de piedra, con leones, enmarcado en impostas ajedrezadas y que debe ser reliquia de lo primitivo claustro. Es un detalle antiquísimo según su factura.

Todas las construcciones que quedan revelan una gran reforma del siglo XVII. Vestigio de ella es una bellísima puerta de arco escarzado sobre cuyo dintel está esculpido, entre adornos de época, un blasón con las llaves de San Pedro, análogo a una pintura de la iglesia en la capilla de la Epístola.

El claustro, de la misma centuria XVII, es neoclásico, robusto, sencillo, elegante y sugeridor. Se entra en él por una puerta de grandes dovelas coronada por un precioso escudo barroco que lleva por único cuartel y blasón el castillo de Castilla. Tal simplicidad resulta de una grandeza sin igual.

En el Museo Arqueológico Nacional hay tres grandes y bellos capiteles que dicen ser de Mave, pero que deben preceder del Monasterio de Valdecal, próximo, uno de los que tuvo agregados Mave. Estos capiteles y uno igual que hay en una casa de Villena son más antiguos que la actual iglesia de Mave, por lo cual pudieran proceder de la primitiva.

La única joya Convento-de-Mave7que le resta al templo, de tantas como poseyó, es la Cruz procesional, de cobre, esmaltada, de las de Limoges. Le faltan piezas importantes pero conserva los medallones de Dimas y Gestas y el Adán redimido a los piés. El Cristo que tuvo está sustituído por uno del renacimiento.

En el centro del reverso lleva bellamente grabado y esmaltado un Salvador sedente bendiciendo con ambos brazos, motivo decorativo infrecuente en estas cruces, y una linda figura angélica extendiendo una cartela también grabada y esmaltada, a los pies. Otra originalidad de esta Cruz es que en ese reverso van en los otros tres extremos de la Cruz las demás figuras simbológicas de los Evangelistas, de gran factura, toro león y águila, en delicadísimo esmalte.

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